Hoy vengo con la maquineta afilada y preparada para sacarle punta al tema del exceso de información en la red, más conocido como infoxicación… Veamos, una de las principales ventajas de internet es que nos permite acceder a información de cualquier tipo en cuestión de segundos y a cualquier hora del día o de la noche.  Basta con teclear lo que queremos buscar en google (o en otro buscador)  y ¡voilà!, tenemos información para parar un tren.

Precisamente lo que hace de internet una herramienta tan poderosa es también lo que puede estar cortándote las alas, frenando tu aprendizaje y limitando la evolución de tu negocio.

¿Cuántas veces, después de haber pasado un montón de horas buscando información, has acabado cerrando el navegador agobiada y asqueada? ¿Cuántas veces has ido saltando de ventana en ventana sin encontrar exactamente lo que buscabas?  Lees y lees, pero lo que encuentras no acaba de encajar con lo que necesitas. Y continuas buscando mientras las horas van pasando…

Ocurre lo mismo con las suscripciones. Nos dejamos seducir por la promesa del contenido de valor y, como somos de dedo flojo y no nos controlamos ante el efecto que la palabra GRATIS provoca en nosotros, acabamos coleccionando guías, checklists y masterclass varias. Un síndrome de diógenes digital en toda regla.

Y venga, ya tenemos otro email más que aterrizará puntualmente cada semana en nuestro buzón. Toneladas y toneladas de contenido gratis colándose en nuestra bandeja de entrada.

Reconozco que yo también he pasado por esta etapa de barullo mental y suscripciones a porrillo, pero lo que me ha permitido avanzar ha sido el contenido de pago, en concreto, los cursos online.

¿Por qué? Pues porque los cursos me dan acceso a la persona que está detrás de ellos  y a su experiencia en el tema. Lo que me ha permitido avanzar y aprovechar mi tiempo al máximo ha sido poder preguntar mis dudas y plantear mis problemas.

Me siento más segura y acompañada si sé que hay alguien detrás de mí supervisando mi trabajo cuando lo necesito. Esto, que puede parecer una tontería, me da confianza, calma, tranquilidad y me permite avanzar con paso firme.

Si quiero conseguir mis objetivos, no me puedo permitir desperdiciar el poco tiempo que tengo saltando de blog en blog y picoteando de allí y de allá.

Además, los grupos de soporte de los cursos online me permiten nutrirme de la experiencia de las demás personas que participan. En grupo se aprende más y mejor porque, al ponerte las gafas de otra persona y ver las cosas desde otra perspectiva, es posible percibir otras opciones y ampliar miras.

El tiempo que me he ahorrado buscando lo he invertido en más formación.  Sí, me ha tocado apretarme el cinturón porque desgraciadamente no tengo una máquina de fabricar billetes de 500€, pero sarna con gusto no pica. La mayoría de veces el dinero es una excusa, casi siempre es una cuestión de prioridades.

Este es mi secreto. ¡Ah! Y hacer las cosas con miedo, pero hacerlas y aprender haciendo. Nada de fórmulas probadas ni métodos definitivos. Pautas sí, por supuesto, pero después te las llevas a tu terreno y las aplicas a tu manera. Como dice mi querido Serrat: “Caminante son tus huellas el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

También consumo contenido gratuito, claro que sí, pero no estoy suscrita a 3.000.000 de blogs. Hace tiempo que me puse en “modo unsubscribe” y ahora soy bastante selectiva, la verdad.

Me agobia tener la bandeja de entrada saturada de emails no leídos y, como tampoco me gusta que estén en la mía en plan zombie, creo que darme de baja es la mejor opción para las dos partes.

Cuando busco información sobre un tema concreto, lo que hago es centrarme en 2/3 personas. Me suscribo a sus listas y, si me interesa su visión del tema, me quedo. Si después de un tiempo veo que no va conmigo, me desuscribo y listo (nunca justo después de descargar el recurso gratuito, que eso es de chupones y está muy feo).

Si esa persona tiene un curso que se ajusta a lo que yo busco en ese momento, lo compro. Sino, me toca esperar.

Tengo muchos cursos fichados a los que, por el motivo que sea, aún no les ha llegado el momento (sí, a veces yo también pongo excusas), porque el momento no siempre es ahora. Si tienes claro lo que quieres, el momento llega cuando tiene que llegar.

Y ya para acabar, estoy de acuerdo en que hay que dar contenido gratis para generar confianza, pero también hay que vender porque el dinero no da la felicidad, pero paga facturas. Yo quiero ganarme la vida con mi negocio, disfrutar y ayudar a muchas personas (cuántas más mejor) y también quiero poder pagar la matrícula de la universidad de mis hijos cuando llegue el momento y mis vacaciones, además de los gastos del día a día que son muchos.

Además, si quiero que inviertan en mí, primero tengo que invertir en mí misma, ¿no crees? Cada vez tengo más claro que recibimos del universo lo que le damos. Muy hippie, pero también muy cierto.

Fin. Se acabó.

¿Qué te ha parecido este planteamiento? Me encantará conocer tu opinión y debatir este tema en los comentarios.

¿Quién soy?

Soy Sònia Molinas y en mi blog comparto información relacionada con la creación y la venta de cursos online.
Si tienes pensado crear un curso online,  puedes descargar mi guía “8 pasos para crear y vender un curso online que te permita tener más tiempo para ti y tu familia” para ir entrando en materia. ¡Toda tuya!

 

 

 

 

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